Pambo: crear sin ser una sola cosa

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Por: Livier Herrera

Mientras replantea las historias que nos contamos sobre el amor, el deseo y las relaciones, Pambo promete mostrar su faceta más honesta y libre.

Pambo está de vuelta. Después de años escribiendo para otros artistas, regresa a su propia música con un disco que recupera sonidos y estéticas de los dosmiles, mientras cuestiona las formas en que construimos nuestra identidad.

Hablamos con ella sobre crear sin etiquetas, la industria musical actual y por qué, después de tantos años, aún existe la necesidad de hacer canciones.

Dejé de sacar música mucho tiempo porque estaba más enfocada en hacer música para otros artistas. El año pasado saqué un disco que hice en la pandemia, pero es un disco muy triste y, de pronto, decidí que quería romper un poco con eso porque el mundo está horrible y necesitamos un poco de ligereza y no algo tan deep.

A veces es necesario, y más en una ciudad tan caótica como esta, donde dices: “Mejor pido comida, me quedo aquí, pongo una serie tras otra, scroll infinito y pijamita, porfa”.

Cuando hablo de experimento me refiero a que no la hicimos pensando en ningún artista. Me junté con Mauro (Muñoz), como cuando te juntas con tus amigos de la prepa a jammear, y cuando terminamos la canción dijimos: “Está rara, pero está divertida. Deberíamos empezar a trabajar juntos”. Y a partir de ahí inició un camino para trabajar con artistas como Bruses, Pau Laggies, Agris. Ese ejercicio acabó en una relación estrecha de amistad y laboral que lleva ya unos seis años.

Yo creo que hay un anhelo. No importa cuántos años tengas, si lo viviste o no lo viviste, tenemos la corazonada de que el pasado tenía cosas. Algunas horribles, que ojalá no regresemos a eso jamás, pero también unas cosas bonitas, y una de ellas es que no existían las redes sociales y la eterna grabación, no todo estaba tan digitalizado. La música apenas empezaba a ser digital y podías descargarla, pero había muchísima pausa, incluso, para poder vestirte como tú quisieras. No había estos estándares tan generales como hay ahora, que no importa a qué lugar vayas del mundo, todos se visten igual. Las estéticas son iguales, los cafés son iguales y es horrible.

En esa época, había una identidad y no era la misma en la Ciudad de México (entonces Distrito Federal) que en Monterrey o en Guadalajara. Y me refiero a la estética también musical, no era lo mismo en Estados Unidos que en México o en Londres. Aquí teníamos a Plastilina Mosh, pero estaban los Beastie Boys, estaba No Doubt y estaban los Black Eyed Peas, había mucha fusión.

Yo empecé a sacar música en 2007. Pensaba: “Quiero ser artista, quiero sonar así”, pero ya no me tocó. Entonces, qué mejor que en este momento de mi carrera regresar a lo que siempre quise hacer y no me tocó generacionalmente poder hacerlo.

Al principio de mi carrera sí hacía mucho esa distinción: “Esto es para mí y esto es para alguien más”. Me limitaba muchísimo a lo que yo diría, cómo lo diría, qué no dirían otras personas. Desde hace unos años, intento alejarme de eso lo más posible. Ahora pienso: “Tú haz una buena canción, si acaba en tu voz o en la voz de alguien más, no importa”.

De hecho, en este disco, que sale hasta finales de año (a excepción de “Ǫuedarnos en pijama”), todas las canciones que van a escuchar son canciones que, originalmente, no terminaron en los discos para los que fueron escritas y decidí quedármelas.

Siempre les recomiendo lo mismo a los artistas con los que trabajo: dejen de pensar si ustedes dirían eso, si ese es su sonido o si eso es lo que normalmente hacen. Si la canción ya empezó, si ya asomó la cabeza, déjala que nazca y después vemos quién la canta. Porque ponerte un personaje de: “Yo soy solamente esto”, es una limitación creativa horrible. Los humanos no somos solamente una cosa; somos muchas. Y entre más nos permitamos hacer muchas cosas, mejor va a ser este mundo.

Desde el disco pasado, Lo que en mi corazón desea mis ojos lo ven, decidí empezar a incorporar canciones que ya habían salido en voces de alguien más, pero que yo había escrito.

En este disco también quisiera, quizá en la primera edición o en alguna edición especial, incluir un par de canciones que ya hayan salido, pero en mi versión. Es que es otra cosa totalmente diferente, no hay manera de que la interpretación sea la misma.

Antes, eso se hacía muchísimo, y escuchabas canciones de Juan Gabriel cantadas por muchas personas, o de José Alfredo Jiménez. Una misma canción podía existir en varias versiones y, en algún momento, eso se dejó de hacer. Ahora, que tenemos una sobreoferta tan grande de canciones, creo que nos ayudaría mucho que varias personas hiciéramos versiones de la misma canción.

Absolutamente sí. Aunque hay cosas que ahora están más limitadas, curiosamente lo que tenemos más limitado es la privacidad, y la privacidad es muy importante para la creatividad.

Fuera de eso, creo que todo ha ido para mejor. Puedes tener una carrera independiente, diferentes canales de comunicación y hacer el discurso que se te dé la gana. Ya no necesitas que 85 personas en una disquera opinen sobre qué vas a hacer, cómo lo vas a decir o dónde te vas a parar.

Creo que la identidad está mucho más abierta. Lo que sí siento es que, entre tanta libertad, los artistas tenemos miedo de la originalidad. Todo el tiempo queremos subirnos a cosas que ya existen y creo que antes había más diversidad e individualidad.

Si escuchabas la radio comercial en México en los 2000, había muchísimos sonidos diferentes, había muchos tipos de música sonando al mismo tiempo. Ahora las playlist son muchísimo más homogéneas.

Tenemos una sobreoferta enorme de canciones y, sin embargo, los algoritmos terminan llevándonos hacia lo mismo. Si estamos subiendo tantas canciones al día, ¿por qué no abrimos la posibilidad de escuchar de todo?

Y muchos músicos también se volvieron influencers, esa línea cada vez se borra más.

Puede ser una necesidad económica, artística o profesional. A algunas personas les funciona y les gusta; a otros músicos nos cuesta muchísimo trabajo. Volvernos creadores de contenido probablemente es la pesadilla de la mayoría de nosotros, pero tienes que adaptarte porque, de alguna forma, las redes se convirtieron en tus canales de comunicación.

Algunos tenemos el privilegio de poder ser entrevistados y de que alguien nos dé un espacio, pero a la gran mayoría no le va a pasar, entonces tienes que inventarte tu propio canal.

Y en ese sentido, los influencers que se convirtieron en músicos ya tenían un alcance enorme. Hay músicos que de repente tienen que empezar a hacer videos y sus contenidos llegan a cien personas, mientras los de ellos llegan a cien mil.

A esos artistas les han dedicado muchísimo tiempo.

He trabajado en los tres discos de Kenia (Os) y cuando la conocí, como muchos músicos, pensé: “Una influencer que quiere hacer música”. Pero en nuestra primera sesión trabajamos juntas y me di cuenta de que Kenia es una máquina. Tiene clarísimo lo que quiere hacer, por dónde tiene que ir, cómo venderlo y cómo comunicarlo.

Ese primer disco ya tendrá cinco años o más y me sorprendió muchísimo. Desde entonces, hemos seguido trabajando juntas y el sencillo pasado también lo hicimos juntas, con gente que nos dedicamos a la música y tenemos carreras serias.

Eso también nos da la oportunidad de explorarnos de otra forma como autores. Y la vida independiente es bastante compleja económicamente. Cuando un artista de ese tamaño les da espacio a músicos y artistas que están empujando sus carreras, esas regalías también nos permiten financiar nuestra vida independiente. Entonces, entre más artistas nos den oportunidades como autores, productores y creadores, más ayudamos a que la industria camine. Nos dan reconocimiento, comparten nuestras historias y nos dan voz y luz.

Hablando del disco que sale a finales de año, ¿hay algo que te estás permitiendo hacer que antes no te habías atrevido?

Sí, aunque no quiero adelantar demasiado, porque es algo que quiero que vayan descubriendo poco a poco. Es un disco en el que, de una manera que quizá no es tan evidente, me puse a cuestionar las masculinidades, las propias y las ajenas.

Las mías, desde esta forma de ser una morra lesbiana que creció con estereotipos muy raros de lo que debía ser un hombre, entendiendo que la masculinidad tenía que ser eso. También pensando en este grupo de personas con unas masculinidades horribles que están envenenando las mentes de niños y jóvenes con ideas de misoginia y conceptos cavernícolas de lo que tiene que ser una masculinidad.

Muchas de las canciones del disco fueron hechas originalmente para otras personas y están cantadas en masculino. Yo decidí adaptarlas, cuestionarlas y acomodarlas de una forma que a mí me haga pensar sobre esas masculinidades que también vivo desde el ejercicio de la masculinidad, aun siendo mujer. Eso es algo que me estoy permitiendo y que me ha llevado a pensar muchísimas cosas.

Entonces, ¿sientes que el arte actualmente sigue siendo una herramienta de manifestación y resistencia?

Yo creo que esa es la línea que divide a las celebridades, a las personas famosas y a los artistas. Un artista debe tener un discurso, el arte requiere de un discurso.

La música tiene que definir una postura. No necesariamente, pero idealmente define una postura, se acompaña de un carácter, de un discurso, de una lucha.

Para cerrar: después de todo este tiempo, ¿qué es lo que todavía te emociona de hacer lo que haces? ¿Ǫué te emociona de llegar a una reunión de composición y empezar desde cero?

No hay ningún día en que no me emocione hacer una canción nueva. Después del lanzamiento del disco pasado intenté bajar el ritmo de las sesiones, porque sentía que no podía hacer todo al mismo nivel. Tenía cuatro o cinco sesiones a la semana y entonces, ¿dónde quedaba el tiempo para entrevistas, videos y contenido?

Pero cuando bajé el ritmo de las sesiones, bajó también mi ritmo creativo. Eso significaba que dejé de hacer canciones casi todos los días. Y me puse súper triste, sentí como si se me hubiera vaciado el corazón.

Entonces, entendí que no puedo estar sin hacer música todos los días. Y no tiene que ver con esa idea de productividad que nos están metiendo a todos de: “Si no estás haciendo algo, no estás haciendo nada”. No.

Es que me gusta muchísimo hacerlo. Cada vez me gusta más hacer música en equipo. Antes, disfrutaba mucho hacer música sola, meterme al estudio y clavarme con mis propias ideas. Ahora, disfruto muchísimo escuchar otras opiniones, conocer otros artistas y descubrir sus perspectivas, no solamente musicales, sino sobre la industria, sobre la vida, sobre todo. Eso es lo que me sigue emocionando.

#HablamosMúsica #HacemosRuido

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