Javiera Mena y el poder de la ‘Inmersión’

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Por: Karla León

La cantautora chilena revela su faceta más introspectiva con ‘Inmersión’, su sexto material discográfico.

Fotografía: Rodrigo Pérez.

Javiera Mena publicó Inmersión, uno de los mejores álbumes de su carrera. Es, a través de la vulnerabilidad, la ternura, el delirio del amor, el llanto y una completa entrega emocional, que la icónica artista chilena demuestra su faceta más introspectiva.

«Inmersión evoca la idea de sumergirse en el dolor y, al mismo tiempo, emerger para ver la vida con una nueva perspectiva. Es un viaje emocional, un disco que irradia tranquilidad y luminosidad, y que invita al oyente a aceptar, con amor, la irreconciliable distancia que podemos vivir en la actualidad», narra la cantautora.

En entrevista con BLUM, Javiera habla sobre el proceso creativo de su sexto material discográfico, su esencia como poeta melódica, la música que la inspira, su próximo álbum y el futuro.

Fotografía: Rodrigo Pérez.

¿En qué momento de tu carrera artística llega Inmersión?

Inmersión llegó en un momento de crisis existencial. Llevaba muchos discos más hedonistas, por decirlo de alguna manera. La música era de celebración, aunque hablara de dificultades amorosas o de la vida. Musicalmente, este disco toca fibras más íntimas, de más ternura, de más vulnerabilidad; me ayudó a purgar esta crisis.

¿El estudio es tu espacio ideal para la catarsis?

Sí, soy más de estudio. Para mí, el escenario es el resultado de ser compositora. Es un aspecto que he tenido que aprender y trabajar. Ahora me encanta, pero es una disciplina que no en mí no es innata. Claro, el estudio es mi lugar. De pequeña armaba home studios en mi casa; con mi mamá dando vueltas, con mis audífonos y mis cositas. Me bajaba los programas y creaba. Así que sí, el estudio es el lugar en el que me siento más cómoda.

¿Quién era Javiera Mena en Nocturna y quién es hoy en Inmersión?

En Nocturna estaba en plena pandemia. Era una época en la que estaba entre Madrid y Santiago de Chile; pegándome esos viajes pandémicos, con todo y hotel sanitario. Un poquito antes vino un estallido social (en Chile), y también tuve varios derrumbes en mi vida. Ese disco fue el de los años locos, el de los veinte. Había toques de queda, nos quedábamos en casa. A Madrid lo pude conocer de otra manera. Las noches eran de salir, disfrutar con amigas, y eso lo hizo un disco mucho más disfrutable.

Inmersión es un disco de recogimiento. Volví a encontrarme con la ternura, que es algo que tengo muy presente en mi personalidad, pero que en la música la tenía un poco retirada. Me parece que la ternura es un sentimiento precioso, hay que reivindicarla.

Fotografía: Jesús Leonardo.

En algunas ocasiones, la ternura se percibe como un aspecto débil, pero en este álbum se muestra como un reflejo del poder de la vulnerabilidad.

Sí, totalmente. La vulnerabilidad está muy presente en la música y, al mismo tiempo, la música es vulnerable. Lo que pasa es que, claro, hay diferentes capas que uno le va poniendo, pero yo creo que las mejores canciones, o las canciones que más conectan con la gente, son las que se siente al artista vulnerable, porque no todos se atreven a hablar de ese tipo de temas. Cuando tú te conectas con una canción, con alguien que es tan vulnerable, se convierte en un momento íntimo entre tú y el artista. Te abraza el alma.

Te defines como una poeta melódica.

Desde pequeña soy muy humanista; creo que tengo ese talento. A mí me gustaban mucho las clases de literatura, leerme libros que me daban, analizarlos. Era a la que mejor le iba en ese aspecto en el colegio. Me internalizaba mucho cuando nos daban a Hermann Hesse, por ejemplo. Ahora pienso que era muy heavy que nos dieran a Hesse en séptimo grado; a los 14 años leyendo “Lobo Estepario”. (Hace una pausa). Mi profesor era heavy.

Me gustan las palabras. Me gusta transmitir emociones o lo que nos pasa con pocas frases. Cuando escribo veo mucho del folclore de Violeta Parra. Para mí, ella es la más grande genio que tuvimos en Chile. A veces, me parece que le doy muchas vueltas y siempre estoy leyendo mucho, en cualquier lado. No solamente libros; siempre estoy averiguando cosas, historias. Cualquier simbolismo puede ser de gran ayuda al momento de componer las palabras, para que fluyan y describan un poco lo que nos pasa como seres humanos.

Eso se escucha en ‘Mar de Coral’, con Santiago Motorizado. ¿Cómo surgió esta unión creativa?

A Santi lo conocí hace poco, pero yo sabía que le gustaba mucho mi música, y a través de esta colaboración nos hicimos amigos. Eso es algo maravilloso. Me gusta mucho su timbre vocal y yo quería una canción que tuviera un diálogo entre una voz femenina y una voz masculina, así como las canciones de Barbara Streisand con Andy Gibb, o Guilty, un disco de los años setenta que me gusta mucho.

Quise evocar ese mundo clásico y Santi le dio el toque que le faltaba a la canción. No sería lo que es sino no fuera porque él entró. Lo admiro mucho, me siento muy afín, particularmente, porque somos artistas que venimos de la independencia, del underground y hemos logrado carreras de muchos años.

Fotografía: Jesús Leonardo.

¿Qué otros grupos o artistas te llevaron al sonido de este álbum?

Escuché mucha música de los cincuenta, como Lesley Gore. Tiene un disco conceptual, ella sale llorando en la caratula, que se llama I’ll Cry If I Want To. Contiene la típica: “It’s my party and I’ll cry if I want to”. Me parece muy lindo porque todas las canciones hablan de algo que tiene que ver con el llanto. Es uno de esos LP que hablan sobre sentirte vulnerable cuando las cosas no son como quieres. Me pegó mucho.

Camilo Sesto siempre me influencia mucho. La banda francesa Air, que también hace una especie de balada en Moon Safari. Yo quería que Inmersión fuera un álbum que se pudiera tocar con la guitarra, más allá de la producción. Quería que las canciones se defendieran, muy potentemente, antes de pasar al estudio, y entones le di mucho peso a la composición.

¿Cómo fue ese proceso?

En esta ocasión, trabajé con duplas. Llevo muchos discos trabajando sola en la composición y necesitaba la frescura de otras mentes. Lo disfruté un montón. La mayoría de los temas los trabajé con Luichi, de Cupido; nos juntábamos para componer con la guitarra. Así es este disco, lo compuse desde el instrumento y eso hizo que cambiara un poquito mi manera de hacer música.

Inmersión es un álbum que se compartió a nivel de las emociones: tirando las letras, las melodías. Por eso fue un disco con duetos. Tres canciones fueron hechas en la Ciudad de México, una de ellas con 3KMKZ. Nos juntamos y en dos horas escribimos “Reina de la Selva”. Otras dos las escribí con Pablo Stipici, productor chileno que reside en México. Yo traje las ideas, pero también dejé fluir las canciones a través de otras mentes.

¿Qué lección te dejó este disco?

Confiar en la gente con la que trabajo, pero también confiar en mí. Me siento mucho más productora después de este disco; en el fondo sabía que podía ser más de lo que yo creía. Eso por el lado más técnico, pero también aprendí a confiar en los equipos que yo armo, en la gente con la que elijo trabajar. Inmersión fue un disco que hice a ciegas, pero al final, confiar en mí fue lo que me dio la brújula, así que eso es lo que me llevo de este proceso.

Fotografía: Rodrigo Pérez.

Hace unos momentos hablamos sobre el llanto. Platícame sobre “Volver a llorar”.

Me topé con un par de personas que me dijeron que no podían llorar. No llegaban al punto de quebrarse en lágrimas y me pareció muy curioso porque soy una persona que, ante cualquier cosa, llora con facilidad. Analicé lo que es el llanto y, por ejemplo, la forma en la que nos libera del cortisol, algo que es muy necesario para el cuerpo.

En el fondo, no es que no sientas, es que tienes tanto miedo de sentir pena, porque crees que te vas a quedar ahí. La pena se bloquea y tener la pena bloqueada no es para nada sano. La canción es una invitación a atreverse a sentir, a atreverse a llorar. Llorar es algo muy humano y algo que todos necesitamos hacer. Por algo pasa, por algo existen las lágrimas: al igual que para la risa, para la pena. Te hacen fluir y hacen que las emociones puedan exteriorizarse; hace que no nos enfermemos.

¿Hay otra palabra, concepto o frase que englobe lo que es Inmersión?

Creo que la palabra “inmersión” ya está muy bien puesta, pero también creo que otro concepto podría ser “entrega total”, porque es un disco en el que eso se nota. También es sobre un enamoramiento que es medio delirante, pero que no puede ser. Se siente en el disco y esa es la energía que quise entregar.

Evoca a Tristán e Isolda; el brebaje que se toma Tristán, que no era para él y que se le convierte en un delirio. Como que para ese lado iba, para ese lado del amor delirante al que le quise poner Inmersión, porque tiene que ver con todo esto.

Háblame sobre tu colaboración con Camila Moreno en “Cuando respiro en tu boca”.

Surgió de una celebración que tuvimos en la oficina. Estábamos todos ahí: Camila Moreno y Lucybell. Nuestro manager nos preguntó si podíamos tocar la canción para la banda, teníamos el piano cerca y salió algo tan bonito que Claudio Valenzuela se puso a llorar. Supimos que teníamos que grabarla. Surgió de eso, de una junta de amigos, y después la grabamos, la produjimos y resultó muy bien, porque es una banda que para las dos es importante.

Fotografía: Jesús Leonardo.

¿Qué define hoy a Javiera Mena?

Ser una poeta melódica. Tengo mi propia manera de escribir, también de hacer mis melodías. He generado una autenticidad en torno a mi proyecto y eso me ha permitido mantenerme 20 años activa. No es fácil, pero así me defino. También me nombro independiente y eso es muy importante. En algún momento, generé sociedades con algunos sellos, pero mi proyecto se ha caracterizado por la independencia. ¿Qué te da eso? Una libertad creativa que para mí es muy importante. Eso jamás lo tranzaría. Al final, esto se traduce en discos atemporales y es bonito ver mi proyecto a través de los años, con los discos manteniéndose ahí.

¿Cuál es el significado de la música en tu vida?

Para mí, la música es mi gran compañera. Es una energía mística que, como dijo Nietzsche: “Sin ella, la vida sería un error”. Nos mantiene conectados con algo que va más allá de los seres humanos, con las poquitas cosas que nos quedan, porque cada vez nos desconectamos más de la espiritualidad.

Es el arte más complejo y completo. No es menor que, a través de la vibración del sonido del tímpano que se mueve por los instrumentos musicales, nosotros podamos cambiar nuestro estado de ánimo, sentirnos mejor o vivir experiencias divinas.

La música es mi gran compañera, a lo que me dedico, pero también es una energía muy espiritual.

¿Inmersión llegará pronto a los escenarios mexicanos?

Esa es la idea. Trataremos de ir en abril del próximo año o hacer una fecha para presentar el disco. Quiero reconectar con el público mexicano.

Fotografía: Jesús Leonardo.

¿Viene más música?

Sí, viene más música. Estoy trabajando, pero todavía le queda un ratito de vida a Inmersión. Hay que darle su tiempo, para que el público lo conozca más. Mucha gente se tiene que enterar que saqué el disco, así que vamos a darle un ratito más la vuelta.

Ya estoy empezando a componer otro disco, pero recién está en la génesis. Por ahora, solamente estoy haciendo un esbozo.

¿Piensas volver a México para reunirte con algunos artista y componer más música?

Siempre. Siempre voy a componer con los 3KMKZ. He compuesto algunas cosas con María Daniela, aunque nunca hemos sacado nada. Mi sueño es hacer algo con Natalia Lafourcade, que la encuentro como una maestra, o con Julieta que, si bien, ya hemos hecho una colaboración, me gustaría que fuera alguna canción original, porque interpretamos una canción que yo ya tenía. Hay un montón de proyectos que me gustan como Ruzzi o Esteman, que no es de México, pero como si lo fuera. Siempre estoy atenta a lo que pasa en la escena.

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