‘Coyota’: El despertar de la mujer salvaje y el misticismo sonoro

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Por: Yasmín Nava

En entrevista con BLUM, Alaíde habla sobre los orígenes de su primer material discográfico.

A mitad de la noche, cuando el aire aún gélido corre entre las paredes volcánicas de Tepoztlán, una ‘Coyota’ despierta. En sus ojos, vemos el reflejo de la fase lunar que está ocurriendo en esa noche de febrero, y que quedará escrita para siempre. Ella baja; con cada paso despierta la tierra que duerme, y de su garganta nacen los primeros susurros que evocan a sus ancestros, hasta dar vida a su primer álbum que lleva el mismo nombre: Coyota.

Este es un álbum auténtico, que busca sobresalir de las apariencias que adoptamos en el día a día, alimentadas muchas veces por las redes. “Creo que tenemos máscaras todo el tiempo, tú te pones la máscara de hija, de cantante, de novia, pero creo que todo el tiempo, en la vida, tenemos la oportunidad de relacionarnos desde la verdad y hablar así, bajando la máscara”, nos comparte Alaíde.

El origen de Coyota se remonta a los tiempos de introspección —aunque es algo nato en ella— durante la pandemia, cuando Alaíde decidió hablar con la verdad, sobre cosas que le importan, reflexiones que la mueven y, lo más importante, hacer la música que quiere, alejándose de las tendencias y las expectativas de sus colegas.

Así se materializa un álbum que no se rige por un concepto impuesto, sino que se teje a través de las tradiciones y lo que ayudó a crecer a la mujer que conocemos hoy: “El mismo álbum me fue mostrando por dónde ir, pero yo quería homenajear distinta música que me ha marcado desde niña, como el reggae, el pop, el soul, el rap. Era lo que yo sabía, y fue saliendo de este lado espiritual y místico de las cosas”.

Y mientras escuchamos su álbum, podemos constatar que vivimos en carne propia una metamorfosis. Navegamos entre diferentes ritmos y pensamientos guiados siempre por el hilo conductor de su voz.

“Yo veo a la música como una oportunidad muy directa para llegar al fondo de las cosas, también para conectar con la sabiduría del universo a través de mí”, comparte con algunas pausas pensativas. “Siento que estamos en la practicidad del día a día, y yo insisto en que hay mucho más allá de lo que percibimos, aparte de lo mundano. A pesar de que esta era sea tan tecnológica, yo estoy convencida de que hay un lado misterioso y místico de las cosas, y que muchas veces, a través de la creación, puedes conectar con ese conocimiento”.

“Yo veo a la música como una oportunidad muy directa para llegar al fondo de las cosas, también para conectar con la sabiduría del universo a través de mí».

Asimismo, este álbum es un cúmulo de arte que deja ser a Alaíde; que la forma y la transforma, tomando de referencia diferentes obras para transmutar en algo más poderoso.

“Desde niña me hablaban de nahuales, así que me puse a investigar sobre el chamanismo Yaqui. Leí como 3 libros de Castañeda, quería saber más sobre los animales espíritu, los totems. También pensaba mucho en la princesa Mononoke, esta mujer que defiende la naturaleza y que vive con lobos; leí Mujeres Que Corren con los Lobos, es muy hermoso porque son puros relatos antiguos, de distintas partes del mundo, que tienen que ver con el arquetipo de mujer salvaje. Además, estudié a algunos psicoanalistas como Jung o Fromm”.

Parte de la magia del álbum es sumar nuevas voces, aquellas que nos encontramos en el camino y que nos ayudan a ver el mundo desde otra perspectiva. En Coyota, destacan las voces de Roby Damian, Immasoul y Bebo Dumont, quienes añaden su propia sazón a lo que Alaíde quiere transmitir. Esto se ha vuelto común en la industria, un álbum podría llegar a ser un poco egoísta, un trabajo con una sola visión y una voz que el mundo debería conocer, pero hoy son más que puentes, son ondas expansivas que resuenan como ecos.

Alaíde nos comparte su perspectiva sobre las voces que integró a su trabajo: “Para empezar, sumas en teoría a los públicos, pero también a las cabezas. Tener en un álbum a artistas de otros países, a quienes admiro, es interesante, porque es meter en un cuarto a creadores que tienen contextos totalmente diferentes. Para mí, eso lo hace más especial. En cuanto al público, también es expandirte; creo que es una inquietud creativa, como de juntar poderes y crear juntos. Puede ser muy bueno para el crecimiento de los proyectos que se vayan entrelazando y para compartir el arte”.

«Quererme más, quererme bien. Eso es lo que puedo hacer por los demás también”. Es una de las últimas líneas de Coyota, en la que Alaíde pareciera escribir un mensaje para sí misma, un mapa entre la noche y el día, para regresar siempre a ella y a su verdad.

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