Por: Karla León
En entrevista con BLUM, la artista reflexiona sobre romper géneros, sanar heridas y encontrar libertad a través de la música.

A principios de 2022, Gustavo Santaolalla recibió los demos de una artista de Monterrey. Lo que en un inicio parecía material que escucharía meses después, se transformó en una breve llamada que, una semana más tarde, llevaría a Karina Sofía a su estudio. Alejados de cualquier regla, la cantautora y el virtuoso productor argentino se adentraron en un proceso creativo de tres años para darle vida a La Reina del Cañón, un álbum que retrata un viaje transformador: la salida de una relación abusiva, el reencuentro con la niña interior y el renacimiento desde una nueva perspectiva más luminosa del mundo.
A lo largo de once canciones, la voz de Karina Sofía transforma el dolor en un impulso vital, así como en un acto poético de liberación: “Soy aquella que da vida / La que arriesga y la que cuida / La que sufre y la que llora / La que te ama y te perdona”, canta la compositora, quien fusiona rock, pop, música regional mexicana y folclore latinoamericano.
“Espero ser la persona que pueda darle un granito de empoderamiento a quien lo necesite”, detalla Karina Sofía a BLUM. Como si se tratase de una superheroína de la música mexicana, la intérprete nos adentra en sus raíces y en la historia de un álbum que revela una voz indispensable en la escena musical latinoamericana.

La Reina del Cañón es una revelación y una bocanada de aire fresco.
Gracias por escuchar y por darle tiempo. Es una obra que se aprecia cuando se escucha completa, aunque ahora es difícil exigirle a la gente que escuche un disco completo por la forma en la que funciona el mundo. Con las redes sociales tenemos 15 segundos de atención, ¿verdad?
Dices que la idea de este álbum surgió gracias a la curiosidad creativa de saber cómo sonaría la fusión entre rock en español y regional mexicano. ¿Cómo surgió este momento que detonó la composición de La Reina del Cañón?
Era 2020, y apenas estaba despegando el regional. Empecé a hacer música cuando estaba en Monterrey, encerrada en la casa de mis papás por la pandemia. En la universidad aprendí a usar Logic, un programa para producir, así que junto con lo que sabía de piano clásico, empecé experimentar lentamente con la música. Me reencontré con un amigo que estaba dentro de la industria musical y le enseñé mis demos. Me dijo que tenía una voz muy particular y que sonaría bien con el regional. La verdad no estaba muy empapada con todo lo que significaba hacer una canción dentro del género, pero decidí probar.
Escribí “La Reina del Cañón”, mi primer corrido, y me gustó mucho cómo embonaba mi voz con el requinto, que suena precioso. Ese fue el momento en el que me empecé a enamorar del género. La Reina del Cañón es un homenaje a todo eso. Inicialmente, me di cuenta de que hacer un corrido by the book no iba con mi esencia personal, y tampoco quería pretender ser alguien que no soy. Así que siempre planté la semilla de la curiosidad para hacer algo un poco diferente.
Me tomó tiempo encontrar al productor correcto, que me diera el sí para distorsionar el requinto; hacer un mariachi con un chingo de reverb y guitarras eléctricas. En México, te encuentras con personas muy puristas, y lo entiendo, pero hay ocasiones en las que debes soltarlo, porque hace falta mucho por explorar dentro del género y si nos quedamos dentro de la cajita nunca va a evolucionar para que llegue a muchos más lugares. Se tienen que romper las reglas.

Rock en español y regional mexicano. Dos géneros que hoy en día “se contraponen”, porque dicen que uno está desapareciendo y el otro está encumbrando la música de nuestro país. ¿Qué elementos tomaste de cada uno para lograr la fusión tan orgánica que le dio paso a este estilo tan tuyo?
Para mí, el rock no es un género, es un estilo de vida, una esencia. Crecí escuchando rock, y soy fanática de The Doors, Iggy Pop, Radiohead y Blondie. Me han acompañado a lo largo de mi vida. Son parte de lo que soy, de la manera en la que veo el mundo y todo eso, al mismo tiempo, se refleja en mi música.
Lo que más tomé del rock fue esta perspectiva de vida: no me importa lo que piensen de mí, voy a ser quién soy, voy a ser auténtica y voy a cantar como quiero. No me importa si no te gusta y tampoco si no te gusta cómo me veo. Es una especie de valemadrismo –ríe–. Las estrellas de rock del pasado eran súper auténticas y no les importaba lo que pensaban de ellas. Desafiaban reglas y normas.
Por otro lado, lo que más me gustó del regional mexicano fue el proyecto de Ariel Camacho, quien tristemente ya no está entre nosotros. Contrario a lo que se piensa, existen muchas letras profundas dentro del género. Así que fue todo eso, la fusión de la autenticidad del rock & roll, con la profundidad que puede existir dentro del folclor mexicano y del regional.
Si este álbum pudiera hablar, ¿qué diría sobre la artista que empezó a componer sus primeras letras hace cinco años y de la artista que hoy está presentándolo? ¿Hay algo que descubriste sobre ti misma durante la producción de este disco?
Descubrí que soy más fuerte y valiente de lo que creía. Soy capaz de volar más alto de lo esperado. Este disco ha sido un gran maestro, me ha enseñado resiliencia. Hubo muchos momentos a lo largo de este camino en los que pensé darme por vencida, en los que la gente me dijo que no la traía y que por la manera en la que me educaron tampoco iba a poder aguantar el flujo y el peso de trabajo en esta industria. Una parte de mí quiso demostrarles que estaban equivocados.

En tus letras aparecen frases como: “No puedes ver el mundo desde arriba si tienes miedo a caerte” o “Cuando creas en ti, volverás a volar”. ¿Cómo dialogan estas ideas con tu propio camino en la música?
Es raro. Yo sabía a los cinco años que quería hacer música, era un sueño total. Cuando entras a la industria y te das cuenta que es un negocio, y hay muchas piezas que no entiendes porque eres una persona normal, comprendes que es un camino difícil, un maratón. En ese lapso entendí que sí, que tenía mucho miedo, porque cuando llevas tanto tiempo queriendo hacer algo terminas por ponerte demasiada presión y, como solo vivimos una vez, yo tenía muy presente que si no lo lograba ahora se me iba el tren.
No puedes volar más alto, si tienes miedo a caerte. Eso es verdad. Comprendí que no puedo ser una estrella si antes no me equivoco. Por ejemplo, me preparé durante meses para un showcase en Los Ángeles y, de pronto, durante la presentación, no funcionaron los in-ears y no me escuché en ningún momento. Por mi mente pasaron mil cosas, soy muy perfeccionista y yo solo quería conectar con la gente. No te voy a mentir, sentí coraje, pero mi bajista me dijo: “Qué bueno que te pasó ahorita, porque eso es lo que te da calle. Si te pasa en la televisión o en unos premios no lo ibas a poder solucionar”.
Esa fue la lección: levantarme; y qué bueno que lo hice. Sin los errores y las caídas no hay crecimiento, y lo importante es mejorar, aprender y entender que, paradójicamente, la vida no es perfecta.
¿Cómo fue trabajar con el maestro Santaolalla? ¿Cómo coincidieron para darle vida a este proyecto?
Nos conocimos en el 2022, por medio de un amigo en común al que ya le había enseñado mi música. En ese momento tenía más de veinte demos y cuando se los mostré me dijo que quien tenía que producirlos era Gustavo. Ya conocía su trabajo, porque amo la música de Juanes, Julieta Venegas y Café Tacvba. Él es el rey del rock latino, pero no entendía la implicación de trabajar con alguien como él.
Mi conocido le mandó mi música y Gustavo le dijo: “Che, estoy súper ocupado, te contesto en unos meses”. Pasó media hora, nos marcó de nuevo y preguntó: “¿Quién es esta niña? ¿Qué es lo que quiere? ¿Quiere fusionar alternativo y regional?”. No entendió nada, pero le dio mucha curiosidad. En una semana ya estaba sentada en su estudio, platicando con él sobre una serie de Charly García y de cómo era Argentina en los setenta. Conectamos mucho a nivel personal, emocional y creativo. Él fue el primer productor que no me cuestionó y que no me dijo que lo que yo quería no iba a funcionar.
Ambos compartimos el gusto por romper las reglas y experimentar, y por eso este álbum se siente tan liberador. Se produjo sin prejuicios y sin la idea de hacer corridos o canciones de rock, realmente no hubo reglas. Esa es la magia de La Reina del Cañón.


Para mí, La Reina del Cañón es como una superheroína de la música mexicana.
¡Totalmente!
Ahora que hablamos sobre autenticidad, ¿quién es Karina Sofía en la música?
Espero ser la persona que pueda darle un granito de empoderamiento a quien lo necesite. Al principio, tuve que crear un alter ego, porque era un poco complicado enfrentarme a mí misma. Ahora, con la salida del disco y estos cinco años de trabajo, entiendo que sí soy la heroína de mi propia vida. La música me salvó y me sacó del hoyo en el que estaba antes de empezar a hacer esto.
Espero ser inspiración para la gente que está buscando música que rompe las reglas, que no sigue las normas y que tiene letras transparentes. Puedo ser esa persona para ellos y, honestamente, esas son las dos palabras que me definen: inspiración y empoderamiento.
Este álbum, como bien lo mencionas, visibiliza la realidad de muchas mujeres mexicanas. ¿Por qué es importante para ti evocar estos temas en las letras de tus canciones?
Entre los 18 y 22 años, viví una relación súper intensa. No me di cuenta de lo mala y abusiva que fue hasta que me hice adulta. No me gusta usar la palabra víctima, no va por ahí, porque estuve donde quería estar y acepté el trato; debo decir que fui cómplice del abuso que viví.
Es un tema que pesa muchísimo en México, por supuesto que también en otras partes del mundo, pero por la cultura en la que hemos crecido y nos hemos formado, sabemos que hay mucho machismo y hombres misóginos. En el país hay miles de casos de abuso doméstico y feminicidios; a mí esto me genera pesadillas, no puedo creer que esta sea nuestra «realidad».
Lo que me ha dado cuenta es que, en ocasiones, las mujeres aguantamos esto porque es lo que se nos enseñó. Eso lo plasmé en “Solo quiero quererte”. En el interludio se escucha a mi abuela hablando de lo que a ella le enseñaron que era el amor: el hombre va primero, tienes que hacerle feliz y tienes que sacrificarlo todo. Las mujeres latinoamericanas cargamos mucho con esa condena.
Yo tardé muchos años en darme cuenta de que formé parte de una relación abusiva y, sobre todo, que acepté ese “tipo de amor”. Se sumaron años, y un proceso muy largo, para perdonarme por haber regalado mi cariño, mi amor propio, mi fe, mi valentía. La Reina del Cañón me permitió recuperarme y me enseñó, antes que nada, que no puedes regalar lo que es tuyo, que nuestro amor siempre es nuestro.
Recientemente, hicimos un cómic book de La Reina del Cañón, por eso me encantó lo que dijiste de la superheroína. Plasmamos la historia de una mujer que tiene alas invisibles; se le olvida que puede volar y se enamora de un hombre al que le regala su amor propio. Después, vive un proceso para recuperarlo. Obviamente, sumamos elementos de realismo mágico.
Contar esta historia, de diferentes maneras, me ha hecho entender que realmente la música y el arte sí sanan. Eso es lo que dice este disco. Espero que, si alguien está viviendo una situación así, lo escuche y, quizás, le pueda dar la valentía y el apoyo suficiente para salir de cualquier situación. El amor propio nunca se pierde.

Gracias por compartirnos parte de tu historia. Estoy segura de que va a resonar en muchas personas. Me parece valiente y valioso que hables de todo esto a través de tus canciones.
¿Qué poder sanador descubriste en la música?
Es una buena pregunta. Yo creo que la música es medicina. Es el complemento perfecto de nuestras vidas, de nuestras memorias. Puedo recordar con exactitud las canciones que estaban en mi playlist cuando conducía rumbo a la prepa en Monterrey. Hay momento de mi vida que están marcados por etapas y gustos musicales, y por artistas y canciones. Nunca se me va a olvidar la primera vez que escuché “High & Dry”, de Radiohead, cuando tenía 12 años.
También es increíble cómo podemos transmitir y plasmar nuestros sentimientos en la música. Es fantástico cómo surgió y cómo el ser humano empezó a hacer sonidos, y después melodías y armonías. La música es lo más cercano a Dios.
¿Qué viene para ti después de La Reina del Cañón?
Estoy trabajando en el segundo disco. No hay tiempo que perder; quiero subirme a muchos escenarios, hacer una gira. No voy a descansar hasta que le enseñe a la gente La Reina del Cañón; algunas personas me han dicho que el álbum se aprecia mucho más en vivo. Quiero ir a México, a Guadalajara, a Monterrey, incluso, a Argentina.
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